Séraphine Louis, (1864-1942), fue una pintora naïf cuya vida transcurrió siempre en torno a los márgenes del río Oise.

Sus padres, de origen campesino y obrero, murieron antes de que ella cumpliese los ocho años, dejándola en una difícil situación emocional y financiera.

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Pasó toda su infancia y adolescencia viviendo en distintos pueblos de la región de la Picardía francesa y ejerciendo allí distintos oficios. Todos, especialmente el de pastora, le permitían mantener un contacto cercano y directo con la naturaleza del norte de Francia.

A los 17 años, abandonó su pueblo natal, Arsy, e ingresa como asistenta en el Convento de las Hermanas de la Providencia en Clermont.

No sería hasta 1901 cuando se trasladara indefinidamente a Senlis para trabajar como criada en varios domicilios. Allí pintaría en secreto y de manera completamente autodidacta.

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Tres años después de su muerte, el marchante alemán que la descubrió, decidiría realizar la exposición monográfica, tan deseada por Séraphine Louis, en Paris, sin que ella pudiera disfrutar de la fama, ni de los beneficios económicos de sus obras.

Aunque pintó un total de 200 obras, en la actualidad solo se conservan 70 cuadros repartidos en distintos museos de alto prestigio.

Su estilo artístico

La pintora francesa Séraphine Louis, también conocida como Séraphine de Senlis, entra en el arco de aristas naïf, lo que implica cierto grado de ingenuidad respecto a las técnicas académicas.

Evidentemente, Séraphine Louis nunca adquirió ningún grado de educación artística, por lo que su método y el perfeccionamiento de su pintura responden a intuiciones personales.

Aunque siempre guardó su técnica en secreto, podemos saber que obtenía muchos pigmentos de manera artesanal usando todo aquello que tenía a su mano.

Materia prima que utilizaba para sus obras: flores, frutos, cera de velas de iglesias, barro o incluso su propia sangre.

Esta pintura tan orgánica y espontánea no pudo sino fascinar a los surrealistas cuando conocieron sus obras.

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Muchos de los cuadros de Séraphine Louis tienen nombres que remiten a su imaginario religioso, como “El árbol de la vida” o “El árbol del paraíso”. Según sus propias palabras eran los ángeles y la Virgen María los que conducían su mano y la animaban a la actividad artística.

El relato personal de Séraphine parece plasmarse con suma claridad en sus obras, vemos la naturaleza que contemplaba y admiraba, no sólo representada sino incrustada en la tabla.

Observamos también las horas de oración y la profunda devoción que expresó en una vida en soledad.

La mayoría de sus pinturas están realizadas sobre tablillas de madera, ya que la obtención de lienzos era bastante costosa.

Respecto a los pigmentos, sólo sabemos que usó los más económicos que había en el mercado cuando su salario se lo permitía.

Debido al poco tiempo libre del que disponía, muchas veces pintaba por la noche, en su pequeño cuarto que arrendaba en Senlis, a la luz de una vela y bajo la mirada de la Virgen que reposaba en su dormitorio.

Las obras de Séraphine Louis

La pintora francesa Séraphine Louis desconocía que sus obras pudiesen tener algún valor en el mercado artístico del momento, pues estaba al margen de la guerra a la academia que plantearon hacía unos años las primeras vanguardias.

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Además de este hecho, tampoco eran muy conocidas las mujeres artistas por lo que puede ser razonable que Séraphine nunca intentase vender sus obras.

la pintora francesa seraphine louis

Por otro lado no debemos olvidar que su pintura está cargada de intimidad, no sólo respecto a los materiales que usaba sino a las inspiraciones y “voces” que inspiraban e influenciaban su pintura.

El sentimiento y el fervor religioso, además de su fascinación por el entorno natural en el que paseaba en soledad, hablaban al corazón de Séraphine y dejaban una impronta que debía reflejar, como un acto sumamente natural y necesario, en las tablas que llenaban su habitación.

Fue el marchante alemán Wilhelm Uhde quien, en un retiro en Senlis, conoció su obra por casualidad mientras se alojaba en casa de quien era su patrona.

Éste, poseía una gran intuición con el arte que podía interesar en París y siempre animó a Séraphine con una futura exposición monográfica en la capital del arte, cosa que sólo realizó éste tras su fallecimiento.

Wilhelm gustaba del estilo de cubistas e impresionistas y terminaría sintiendo fascinación por los naïfs o artistas del sagrado corazón, como decidió llamarlos.

Se ganó la confianza de la pintora Séraphine Louis y compró casi la totalidad de sus obras.

La gran depresión supuso un deceso en la comunicación entre ambos, lo que hizo que Séraphine entrara en un conflicto personal por sentirse estafada, aunque siguió dedicándose a su pintura en secreto.

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En 1929 se realizó en París una exposición colectiva de los primitivos modernos, donde participaron las obras de Séraphine Louis. También en Senlis pudo exponer en otra exposición grupal de naïfs.

Todo esto repercutió positivamente a su reconocimiento en Senlis y a obtener recursos que invirtió en una mejor calidad de vida y en la obtención de más materiales artísticos.

Aun así, no abandonó la aplicación de materia orgánica que no usaba únicamente por precariedad.

Pese a todo, nunca recibió una remuneración acorde a su trabajo por parte de Wilhelm, que aprovechó su condición de analfabeta.

Además el fin de la comunicación con éste le supuso un quiebre en la estabilidad emocional de Séraphine, que debió enfrentarse a sus últimos días olvidada, despreciada y desatendida en el sanatorio mental de Erquery.

¿Séraphine Louis padecía alguna enfermedad mental?

Curiosamente no fue la única artista que terminaría sus días en un centro psiquiátrico. La escultora Camille Claudel, cuya vida coincide excepto por un año, con la suya también fue declarada desequilibrada mental.

Recurriendo al contexto histórico es fácil observar múltiples casos de mujeres solteras y de edad avanzada que eran internadas allí, o con mejor suerte, en conventos o espacios de beneficencia.

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Aunque la pintora francesa Séraphine Louis ya partió de una dolorosa orfandad y de una precariedad económica, no podemos entender que su preferencia por una  vida solitaria y dedicada a la pintura pueda ser síntoma de locura.

Las “voces” a las que ella hacía referencia no distan mucho de esas otras que inspiraban en la antigüedad y la Edad media; a esas musas de Hesíodo o esas voces de Platón o, quizá, a esas otras que escucharon los profetas que tanto debió admirar Séraphine.

La incomprensión de una época donde esas voces angelicales ya no tenían cabida y el comportamiento brutal e invasivo de los inicios de la psiquiatría, especialmente en zonas rurales, debió ser determinante para el empeoramiento de la que fue una artista que trató de conectar el cielo con la tierra desde la tierra misma.

La película de Séraphine Louis

Ésta faceta de su vida es expresada de modo magistral en la película de Séraphine Louis, realizada en 2008.

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